Que son los motores sobre-alimentados. Compresores y Turbocompresores

Uno de los aspectos más importantes de los atletas es su capacidad pulmonar, la capacidad de oxigenarse bien como medio para desarrollar su actividad. Así, muchas veces, escuchamos, por ejemplo en el fútbol, que al paso de los minutos algunos jugadores se quedan “sin aire”.

Algo muy parecido ocurre con los motores, la cantidad de oxígeno suministrada es esencial para una mejor combustión, la pregunta es: ¿como se logra?

Cuando los motores no logran por si solos aspirar la cantidad de aire necesaria se recurre a “meterle” aire a la fuerza. o sea a presión y eso se consigue por medio de compresores volumétricos o los turbocompresores.

Los motores de los aviones han tenido el mismo inconveniente. Como el aire, a cierta altura, pierde densidad significa menos volumen de aire con menor oxígeno y para solucionarlo se inventaron los compresores, también conocidos como compresores volumétricos, y turbocompresores.

Los dos sistemas tienen el mismo fin: introducir en los cilindros mayor cantidad de aire de la que éstos serian capaces de aspirar por si solos. Las diferencias entre ambos sistemas, sin embargo, son espectaculares.

El compresor

El compresor volumétrico va directamente unido al motor, tomando la energía necesaria para comprimir el aire directamente del cigüeñal, mediante una polea.

Los primeros compresores fueron instalados en la década de 1920 por Mercedes Benz,  el vehículo más famoso con compresor fue el Mercedes 540 K, de la década de 1930. Por entonces los compresores eran elementos comunes en motores de competición, ya que así se conseguían elevar la potencia con motores relativamente pequeños y ligeros.

El Bugatti 51, de 1931 ofrecía 160 HP con un motor de 2,2 litros. Ocho años más tarde, el Alfa Romeo 158 conseguía 195 HP con un motor de solo 1,5 litros.

 

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El compresor volumétrico mantiene constante la presión de alimentación y ofrece una respuesta inmediata, pero su capacidad para conseguir presiones elevadas es limitada.

El desarrollo tecnológico parecía abandonado en favor del turbo, pero Mercedes volvió a resucitarlo a finales de la década de 1990, al conseguir un interesante aumento de potencia, sobre todo, a bajos regímenes. Los modelos C y CLK 230K (por Kompressor) fueron la mayor prueba; el motor pasaba a tener algo más de 190 CV, con una formidable respuesta y una gran economía de consumo.

También Jaguar lo utilizo en sus motores Supercharger. En ambos casos se trataba de compresores Rootes, con rotores de dos lóbulos, sino la versión Eaton-Rootes, con rotores de tres lóbulos.

El Turbocompresor

El turbocompresor aprovecha la energía contenida en los gases de escape, que normalmente se perderían, para accionar un compresor centrífugo. El incremento de potencia es mucho mejor y tan elevado que deben colocarse válvulas limpiadoras de la sobrepresión. Como aspecto negativo: la respuesta de los turbocompresores en regímenes bajos es lenta y su entrada en funcionamiento algo brusca.

Estos problemas se solucionaron con la utilización de turbinas más pequeñas, de menor inercia, capaces de girar a más de 100.000 rpm. Técnicas como el desviar parte de los gases de escape para que no pasen por la turbina y el empleo de turbinas de geometría variable han permitido grandes ventajas.

 

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Los primeros motores turbo se hicieron populares en las 500 Millas de Indianápolis, en la década de 1970.

En 1973 hicieron su aparición los primeros deportivos equipados con motor turbo de gasolina, el BMW 2002 Turbo y el Porsche 911 Turbo. También llego el motor turbo de Formula 1. Los mejores propulsores turbo de la década de 1980 llegaron a tener más de 1.000 HP (incluso 1.200 HP en las versiones de calificación).

En un principio, el turbocompresor se monto para conseguir un aumento de la potencia. En la década de 1990 se convirtió en elemento imprescindible en los motores diesel, ya que éstos precisan funcionar con una cantidad mucho mayor de aire que los de nafta.

Los avances técnicos, sobre todo de la electrónica, permitieron jugar con los tubos para conseguir fines distintos. Desde aumentar de forma espectacular la potencia hasta mantener el nivel de potencia, disminuyendo el consumo.y una combustión más limpia.

 

Fuente: 
Autos Míticos